29 abril 2008

ALLÁ ARRIBA NOS ENCONTRAREMOS

“Sucedió tan rápido, que no se detuvo a reflexionar el por qué de ese hecho; es que así es la puta vida, te da sorpresas inesperadas cuando menos lo esperas y qué sorpresas”

La había acompañado durante toda una vida, había sido el hombro de lágrimas de adolescente, había estado gritándola tantas veces que cada grito finalmente se había convertido en palabras de cariño. Todo acabó sin palabras. Ella lo encontró con los ojos desubicados, con la piel fría, el corazón perezoso y con un miedo terrible de abandonarla. Allí, ella se convirtió en papá, cambiaron de papeles, e hizo lo que tantas veces él hizo por ella: ayudarlo.

Lo llevó a recuperarse, pero se dio cuenta que era el fin, el fin de una existencia llena de buenas acciones, de esfuerzo y empeño por conseguir lo inalcanzable, de amor a los hijos, de frutos cultivados de buena semilla; y que ahora se acabaría. No pudo escuchar sus lamentos, pero en sus ojos leía el deseo de seguir viviendo. Las lágrimas se convirtieron en sus compañeros, mientras con palabras suaves decía, todo saldrá bien.

Así terminaron dos vidas, pero una tiene el deber de continuar, de conseguir el último deseo de él, seguir vivo, porque la vida continúa, con sus pausas, con sus sobresaltos y con sus bromas. Para adelante es el mañana y allí debemos ir.

Queda guardada en lo profundo de ella una huella imborrable, que siempre la acompañará y será su guía. Luego se reunirán, pero mientras él está allá y ella acá, habrá que luchar por alcanzar ese sueño. Se fue un gran hombre. Escuché por allí a alguien preguntarse: “¿Para qué ser bueno, si los malos viven más?” eso dice que fue querido por todos.

Para una mujer luchadora, para una amiga con esperanzas. Contigo ahora y después.