"Touch me only when nobody knows..." - Gin Wigmore
Caía la lluvia con esa tristeza habitual y mi corazón permanecía desconsolado en una permanente somnolencia. Mis pies helados habían dejado de responder y sólo le seguían el compás a mis piernas flacas. Era junio y el sol se había marchado sin despedirse.
Ahí se presentó una voz melo-diosa que al principio me pareció graciosa y al final adorable. En medio de esa oscuridad gris apareció su elocuencia, sus discursos triviales y sus problemas de adolescencia. Ella venía con magia bajo sus dulces ojos llorosos. Una sensación nueva y cautivante que me fascinó al instante.
Nos unimos en una conversación pasada entrelazando recuerdos divertidos. Su cabello ondulado me atrapaba en la nostalgia de la juventud. Sus manos cubrían su sonrisa rebuscada. Su cuerpo frágil, como el de una muñeca, se contorneaba mientras hablaba. Su mirada siempre difusa evitando los míos, me hacían sospechar de una ligera pasión.
Salimos del lugar a caminar al lado de la escena lúgubre del invierno. Mientras tanto, el mundo seguía con su ritmo nosotros encontramos el nuestro y seguíamos con esa magia extraña caminando. Las calles oscuras me hacían ya extrañarla y ella llegó al fin de la conversación con esos labios fríos en mi mejilla.

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