"De un momento para estar bien, sin importar lo que pase después..." - Amén
Hoy la vi después de mucho tiempo. Me sorprendió saber que recuerdo todo de ella. La vi caminando frente a mi, distraida con su mirada en ropas y cosas de chicas. Tenía su figura esbelta y bien cuidada que sigo amando. Saludó a dos pequeñines que se le cruzaron en el centro comercial. Les regaló su sonrisa que conocía al detalle y que en ese instante se repetía en mi cabeza una y otra vez. Llevaba el pelo suelto bien cepillado y con un color extraño pero que luego me parecía el mismo de siempre. Sus manos bailaban como las de una niña dirigiendo una orquesta de sinfonía. Llevaba una blusa rosada que la hacía sobresalir entre la multitud y opacaba a su amiga que caminaba junto a ella. Sus piernas largas me hicieron recordar la frialdad de su piel. Sus tacones la hacían ver más alta e intimidaban mi intención por acercarme a ella. Un sonido la acompañaba desde su muñeca, con esos dorados accesorios que le gustaba usar. Reía por momentos con su amiga y todos volteaban a verla. Para mi era un espectáculo especial que me hipnotizaba perdiendo la concentración en la pizza que estaba devorando.
Me puse de pie para ir a saludarla y abandoné mi pedazo de pizza que sería devorado por el implacable apetito de los amigos que estaban en mi mesa. Me acerqué hacia ella que estaba de espalda. Estaba nervioso y mi corazón saltaba como un animal salvaje como esas citas iniciales con ella. La distancia era corta y la duda hacía su trabajo haciendo pesados mis pies. Cada vez que giraba a la derecha o izquierda pensaba que voltearía a verme. Cuando finalmente estuve cerca a ella le grité su nombre y me mostró la seriedad de su cara al no reconocerme. Poco a poco aparecieron esos dientes blancos y dijo un armonioso: -Hola! Parado allí, cai en cuenta que no había planeado qué decir, ni cómo entablar una conversación y salió de mi boca un estúpido: -qué haces aquí? Inmediatamente me respondí en silencio: Caminando con su amiga imbécil. Corregí la pregunta con un: -cómo estás? Y ella mantuvo su sonrisa por un instante más mientras su mirada me inspeccionaba y recordaba el tiempo pasado para luego decir: -bien y tu?
Me presentó a su amiga que no sabía lo que pasaba entre nosotros. La saludé y volví hacia ella hipnotizado con su voz peculiar. No me dio tiempo para decirle todas esas cosas que había pensado decirle cuando la vería y que en este momento las había olvidado. Nos detuvimos y de reojo observé que era la entrada al cine. Su amiga metió la mano en su bolso y sacó los boletos de alguna película romántica que no alcancé a leer. Entendí que era el final de una conversación de 10 pasos lentos. Ella dijo: -Me tengo que ir. Veremos una peli de terror y está a punto de empezar. Me gustó verte después de tiempo. Le contesté: -A mi también. Le di un beso en la mejilla y ya estaba perfumado por ese aroma que me provocó fuertemente abrazarla. Ella se giró y yo quedé impávido, inmóvil y con cara de tonto. Alguien de atrás me volvió a mi realidad diciendo: -Permiso, voy a pasar con canchita.

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