25 mayo 2009

UN SEGUNDO PARA RECORDARTE

Que distintas son las calles y la tranquilidad de la luz de la luna. Mientras en la calle veo luces de todos los colores, escucho la bulla ensordecedora y siento los pasos siempre largos y apurados de las personas; bajo la luna me siento extasiado y asombrado, sólo veo las luces de las estrellas siempre lejanas, siento el soplo del viento que golpea mi rostro y admiro tu silueta dibujada en las nubes y recuerdo…recuerdo aquellos besos que una y otra vez me hicieron sentir inseguro. La noche es así, te desgarra suavemente los momentos más felices (a propósito, he besado a tantas mujeres, que no vayas a pensar que esto es para ti) y deliciosos de la efímera vida. Saco ese pucho doblado y maltratado, lo enciendo y empiezo a recordarte más, más que ayer, más que mañana, más que siempre. Y la luna sigue inmóvil, indiferente a mis pensamientos, al mundo en sí. El viento sigue soplando y desplaza lentamente tu figura deforme, donde sólo resalta tus labios mojados y tus enormes ojos, aquellos en los que me veía más claro que en el espejo. Danzo con mi sombra bajo el resplandor de la apaciguada serenidad, y siento en mis dedos las curvas de tu cintura y el temblor de tu cuerpo acercándose al mío. Se apaga la luz opacada por unas nubes negras, al mismo tiempo el pucho da su último aliento y tu figura se desvanece en la inmensidad del infinito cielo. Tu recuerdo desaparece y recobro la conciencia, es todo, tengo que cerrar los ojos.

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