Que distintas son las calles y la tranquilidad de la luz de la luna. Mientras en la calle veo luces de todos los colores, escucho la bulla ensordecedora y siento los pasos siempre largos y apurados de las personas; bajo la luna me siento extasiado y asombrado, sólo veo las luces de las estrellas siempre lejanas, siento el soplo del viento que golpea mi rostro y admiro tu silueta dibujada en las nubes y recuerdo…recuerdo aquellos besos que una y otra vez me hicieron sentir inseguro. La noche es así, te desgarra suavemente los momentos más felices (a propósito, he besado a tantas mujeres, que no vayas a pensar que esto es para ti) y deliciosos de la efímera vida. Saco ese pucho doblado y maltratado, lo enciendo y empiezo a recordarte más, más que ayer, más que mañana, más que siempre. Y la luna sigue inmóvil, indiferente a mis pensamientos, al mundo en sí. El viento sigue soplando y desplaza lentamente tu figura deforme, donde sólo resalta tus labios mojados y tus enormes ojos, aquellos en los que me veía más claro que en el espejo. Danzo con mi sombra bajo el resplandor de la apaciguada serenidad, y siento en mis dedos las curvas de tu cintura y el temblor de tu cuerpo acercándose al mío. Se apaga la luz opacada por unas nubes negras, al mismo tiempo el pucho da su último aliento y tu figura se desvanece en la inmensidad del infinito cielo. Tu recuerdo desaparece y recobro la conciencia, es todo, tengo que cerrar los ojos.
25 mayo 2009
07 mayo 2009
DUELE EN VERDAD
Son anchas las calles, no, sólo parecen. Ahora mi mano cruza sola la calle, sin esos sudorosos dedos que me gustaba apretar. Es que me dejaste, escondiste tu presencia y te comprendí. Me quité los ojos para buscarte y no hallarte, para no verte, pero aún te escucho, tapé mis oídos, pero aún te recuerdo, borré tu figura, pero todavía siento el calor de tu amor en mi pecho. ¿Qué tengo que hacer? ¿Destrozarme por completo para no sentirte? ¿Esconderme con los gusanos? ¿Ahogarme en mis lágrimas? No puedo más.
Me sentaré y esperaré a la muerte, enemiga de unos, idolatrada por nosotros. Estaré esperándolo, pero hasta que llegue el momento, si deseas puedes venir, pero sólo en mis sueños, porque tu presencia arruinaría mi decisión. Eras el matiz que le daba el color perfecto al retrato, ahora sólo eres una mancha sin sentido, ni expresión.
Se acerca el fin, y no tengo miedo, sólo tengo esperanza para dejar este dolor que amarga, que resuena, que desespera y no deja vivir. Por eso me voy, porque perdí el ingrediente que daba el sabor a mis besos, me voy porque murió la palabra felicidad en mi cabeza. Me alejaré infinitamente de ti, cada segundo estaré más lejos, correré hasta que mi cuerpo no pueda sudar más, hasta que mis piernas se desangren y mi corazón deje de latir, hasta que mi garganta se seque y mis suelas se desgasten, hasta que pueda olvidarte a ti y a tu maldito nombre...
Me sentaré y esperaré a la muerte, enemiga de unos, idolatrada por nosotros. Estaré esperándolo, pero hasta que llegue el momento, si deseas puedes venir, pero sólo en mis sueños, porque tu presencia arruinaría mi decisión. Eras el matiz que le daba el color perfecto al retrato, ahora sólo eres una mancha sin sentido, ni expresión.
Se acerca el fin, y no tengo miedo, sólo tengo esperanza para dejar este dolor que amarga, que resuena, que desespera y no deja vivir. Por eso me voy, porque perdí el ingrediente que daba el sabor a mis besos, me voy porque murió la palabra felicidad en mi cabeza. Me alejaré infinitamente de ti, cada segundo estaré más lejos, correré hasta que mi cuerpo no pueda sudar más, hasta que mis piernas se desangren y mi corazón deje de latir, hasta que mi garganta se seque y mis suelas se desgasten, hasta que pueda olvidarte a ti y a tu maldito nombre...
27 marzo 2009
EL AVE TIENE UN NIDO DONDE DESCANSAR
Yo, perfil de nómada, de desorientado y rebelde tengo a cargo una labor opuesta a mi serenidad, a mi indiferencia, a mi ‘sin complicaciones’. Soy testigo de la casualidad del destino, vivo la intersección de lo que no quería que llegue y la responsabilidad de mantenerme erguido ante todo. Desde ahora no soy un soldado más, aunque extrañe limpiar las armas, hacer guardia o beber hasta decir estupideces, ahora soy ‘ejemplo’ (aunque suene irónico), soy labrador, soy motivador de grandes ideas. Responsabilidad en demasía que tendré que asumir como guerrero de tantas batallas ganadas y otras perdidas pero con heridas de victoria. Estoy sólo ante la multitud que me observa, me escucha, me cuestiona y me adora. Pasos lentos para empezar y luego correr sin detenerme, hasta llegar al mar acompañado de mis frutos alegres. Un nuevo paraíso descubrí y lo siento en cada ‘hola’, en cada ‘sí’ y en cada sonrisa que robo apasionadamente.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)