Las personas se casan por amor (al menos debería ser por ello), pero luego ese amor se acaba, se gasta con el uso diario, se transforma en rutina y termina siendo un recuerdo de juventud. Es cierto que el amor es una enfermedad, sus síntomas son: te vuelve imbécil, llegas a cometer una sarta de estupideces, te sientes raro, siempre estás volando, no dejas de pensar en esa persona y sientes un cosquilleo incesante cuando estás a su lado. Lamentablemente no existe cura, pero en el proceso de esta enfermedad, las personas la disfrutan, así que, para qué molestarse en buscar una cura.
Tampoco es contagioso, pero si genera envidia (y más si tu amigo se queda con tu chica) por ello hay que tener cuidado con ella. Pero como la enfermedad cotidiana, el amor también tiene un tiempo de duración, luego de eso desaparece, sólo quedan recuerdos, escombros, susurros, alegrías, penas y todas las cosas que en este momento te imaginas. Es decir acaba, se termina, es ahí donde el sentido del matrimonio se convierte en una gran nada.
El marido llega a casa y saluda a su mujer, (ella le pregunta: ¿Te sirvo? Él responde: No como antes) hace años cuando eran jóvenes ella le hubiera recibido con un gran beso y él hubiera respondido con un ‘te amo’. Pero ahora que se acabó la ‘chispa’ ella sólo pregunta ¿cómo te fue? Y él ya no responde con la misma alegría de hace años (si es que responde, claro).
Por eso creo que no es bueno casarse, porque todo tiene su final, el amor no es por siempre, es un cuento de novela y sólo ahí existe.
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