"We were victims of the night..." - Walk the Moon
Un inconsolable silencio salió de su pecho rodeado de luces navideñas intermitentes. Su cuerpo cayó al suelo al paso que sus ojos sepultaban la última mirada. Su último aliento duró dos segundos más de lo necesario y consiguió inhalar su oscura sangre. Ahí estaba la figura pálida de quién no tenía enemigos y sin embargo consiguió la muerte cuando nunca la llamó. A su alrededor, como un cuerpo caído en guerra, alborotaban las lacras voladoras que no distinguían al personaje. Manchado en lodo pestilente sus zapatos negros gritaban por situarse en esa escena oscura. Su blanca camisa asfixiaba el cuello de Kaito imitando a una segunda muerte y dejaba ver un segundo rostro rojo en el pecho. La gente alrededor cubierta de miedo y desconcierto empezó a correr en todas direcciones esquivando una bala que tenía un único nombre y destino, mientras el cuerpo yacía en su camino constante al infierno helado.
A cinco metros de Kaito estaba la mujer con la mirada más triste de esa noche y de esa granja. Sus cabellos habían interrumpido su baile. Sus ojos enormes llenos de lágrimas silenciosas estaban incrédulos. Sus manos temblorosas servían de apoyo a su cuerpo incapaz de moverse. En ese instante donde no se sabe si gritar o llorar, ella hizo ambas cosas, pero el desmayo anticipo ese hecho. Habían fallado sus manos y su frágil cuerpo también reconoció el mismo suelo donde el amante suyo estaba. Ambos, bajo las estrellas que brillaban más de lo cotidiano, reconocieron el dolor de perderlo todo; aunque Kaito no lo sentiría nunca más. Luego alguien gritó: ¡a muerto Kaito y la muerte también se llevó a Mei!

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