04 febrero 2017

ANOTHER LIFE

"Dark necessities are part of my design..." - RHCP 



Son 36 años encerrado entre tres paredes y una puerta llena de barrotes. Hoy desperté muy temprano, aunque creo que no dormí. Abrí los ojos e inmediatamente sentí un suspiro salir de mi pecho. Todo parecía triste. La cama vieja con el colchón perforado que me hacía sentir el respaldo de metal; mi compañero de celda y su distorsionado ronquido, que aguanté durante doce años, al cual ya me había acostumbrado; el olor de la mañana a hierro y humedad, producto de los barrotes de metal y una fuga de agua en una tubería a punto de colapsar; el inodoro que también tenía una fuga y no permitía que el silencio nos acompañe; y esos barrotes tantas veces abierto y cerrado, llenos de sudor y su implacable sonido que anunciaba el final del día.

Levanté mi obeso y pesado cuerpo sobre la cama y me di cuenta que había llevado una buena vida llena de comida nada lujosa pero complaciente. El despertar de ese día sería algo que recordaría toda mi corta nueva vida. Estaba apenado cuando debería estar contento de salir. Al fin seré libre y con esta frase empezó mi cuestionamiento por el real significado de esa palabra. Había sido libre aquí, al menos en los últimos treinta años cuando ya conocía a la mayoría de los presos. Me llené de un temor momentáneo al imaginar lo perdido que estaría en el mundo de afuera. Seguían todos durmiendo y yo quería quedarme en ese instante eternamente.

En mi familia sólo quedaba un primo lejano al que sólo conocí dos veces. La primera fue en una reunión de algún cumpleaños que no recordaba y la segunda fue cuando vino a verme a la cárcel para avisarme de la muerte de mamá. Los malditos del servicio de reclusos no me dejaron salir a despedirla. Fue la última de mi familia directa en irse, así que no tenía quién me esperara al salir de aquí. Eso me perturbaba más.

Lo más cercano a mi familia era Zeta, un homicida que estaba a dos celdas de la mía. Lo excuso de su crimen. También hubiera asesinado al violador de mi esposa. La justicia es otro crimen que sólo algunos alcanzan. A él le faltaban dos años para salir y habíamos planeado un negocio el cual yo no llegaría a concretarlo porque siendo sus treinta y tres años llenos de gozo y fuerza, yo a mis cincuenta y siete bien conservados no tenía su vitalidad. El irme de aquí sin él me inquietaba aún más. Seguramente vendría cada sábado a visitarlo para recordar tiempos de alegría aprisionada. Entonces, la última sirena de las 7 am hizo su anuncio.

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