"Mamá, mamá, mama, no te robes mi hamaca..." - NSQNSC
Me levanté bien temprano, como siempre, a intentar un día agradable. Una ducha y un café instantáneo me despetaron al instante. Puse mi mejor sonrisa mientras me afeitaba. Me puse aromas necesarios como desodorante y un poco de perfume. Cogí las llaves y mi morral, y salí rumbo al trabajo.
Mientras viajaba en el transporte público subió un tipo arrogante, vestido de saco negro y gafas oscuras. Se sentó en el único asiento disponible y miró de reojo a una hermosa chica al otro lado del asiento. Un estudiante pasó por su lado, con su pesada mochila y rozó el hombro del señor con gafas oscuras. Éste lo miró y le increpó al muchacho diciéndole: Mocoso estúpido, camina bien! El estudiante siguió su camino intentando no discutir con el tipo.
Bajé del transporte y caminé dos cuadras hasta la oficina donde trabajo. Entré y me dirigí al ascensor. Iba al sexto piso. Habían tres tipos dentro de él, conmigo cuatro. Cuando estaba por cerrarse alcanzó una mano peluda a detener la puerta. Era otro hombre con gafas oscuras. Entró e inmediatamente presionó el número 8. El tipo de mi costado corrigió el botón y presionó el sótano. El gordo con gafas oscuras lo miró y volvió a presionar el número 8. Voy al piso de arriba, dijo desafiante. Todos sabíamos lo que significaba esa frase. Los jefes estaban ahí y nadie podía discutir con ellos. Subimos y esperé a que el tipo baje en el 8. Luego bajé en el sexto.
Habían dos amigos ya instalados en sus escritorios. Estaban conversando sobre la nueva secretaría del jefe de prensa. Los saludé y me senté a sus izquierdas. Luego vino el tipo que trabajaba desde hace más años que nosotros. Era el experimentado, aunque nosotros le decíamos la rata, porque siempre husmeaba las oficinas de los jefes trayendo información irrelevante y se creía el importante. Se sentó a mi izquierda y cada vez que abría la boca soltaba tales estupideces que no sabía si había logrado tener amigos con esa actitud. Lo bueno que sólo estaba algunas horas a mi costado y luego se iba a realizar otro tipo de trabajo. Ese día me dio una lista de cosas para comprar cosas al día siguiente: Un café descafeinado con tres sobres de azúcar, dos donas, el periódico del día y una botella de agua. Mientras leía esa lista pensé que era para mi jefe y éste inútil me la dio para que yo la comprase. Le dije: qué, ahora soy tu sirviente. Tu lo comprarás porque a mi no me la dieron. Él me respondió: No es para el jefe, es para mi. Lo miré con cara de burla y casi suelto una carcajada. No te dijeron? Mañana seré tu nuevo jefe, recalcó. Se puso de pie y se fue caminando moviendo ese trasero gordo.

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