05 mayo 2020

DÍA 50

"I drank too much coffee..." - SWMRS


Éramos muy niños para entender la importancia del fútbol en nuestras vidas. Sólo salíamos todas las noches y jugábamos hasta que los músculos se acalambraban. Cuatro horas continuas corriendo detrás de un balón sin importar qué suceda al día siguiente. Y en las vacaciones estábamos en la cancha así no jugáramos. Esos días eran para conocer amigos, para pelearse y reconciliarse porque la pasión duraba más que el enojo.

La forma habitual de escoger a tu equipo sorteando con el clásico yan ken po era emocionante. Uno a uno iban siendo elegidos y siempre el último era la burla de todos. No había árbitros, las reglas cambiaban constantemente según lo que convenía al equipo. No había reloj, los goles eran el tiempo límite y todo podía terminar en cinco minutos si se distraía. El arquero era la parte esencial de ganar. Cada jugada rápida lo definía la habilidad del portero y también se creaban nuevas estrategias de llegar al arco.

Ya de grande entendimos su importancia, la necesidad de reunirse entre amigos, de jugar en climas fríos y calurosos, con las zapatillas mojadas o la espalda ardiendo, de perder, de ganar y burlarse del rival, de hacer payasadas en el juego. De consolidar amistades duraderas, de esperar horas y finalmente regresar a casa sin jugar porque tu pata no pudo escapar de casa, de escuchar historias detrás de una botella de alcohol, de caminar distorsionado pero con el corazón alegre por avivar la amistad inquebrantable del fulbito. De participar en eventos distritales y finalmente de llegar a ser el campeón y contar esa historia una y mil veces con el pecho inflado sintiendo una satisfacción infinita recordando a los que pertenecían al equipo que ahora está disperso. No es sólo un deporte señores, es una tradición necesaria.

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