22 diciembre 2007

CONFUSIÓN DE UNA VIDA CORTA

Aprendí solo a vivir. Mi padre me dio la vida, pero me la quito luego al dejarme solo. Tal vez resulté ser un estorbo a su sueño. Viví con una madre asustada de perder a su hijo, de reencontrarse con el pasado desastroso, de vivir otra vez el episodio continuo de una vida mal llevada. Crecí también temeroso, de no saber, a mi corta edad, el por qué papá no estaba a mi lado.


Un día me encontró, lo miré y pareció como si algo en él hubiera cambiado, pero me abrazó con sus enormes brazos y me alejó de mamá. De allí en adelante viví una vida frustrante. No entendía cómo era posible vivir con una persona que acababa de conocer y dejar a otra sin decir nada. Me imaginaba el sufrimiento de mamá al no tenerme, mas todo esto era compensado con días cortos de alegría, que se desvanecían por las noches y terminaban en lágrimas inocentes.


Finalmente y luego de muchas batallas termine aún más confundido. Mis padres se unieron y formaron una ‘familia’, aunque hubiese preferido que nunca se juntaran. En fin, lo que deseé en ese momento era menos importante de lo que sentía en esa confusión de lágrimas, de perdones, de falsas promesas, de reproches y lamentos sin sentido.


La vida continuó y aprendí a convivir con ella. Sufrí malos tratos, golpes e insultos, que hicieron de mí un hombre duro. Cambié y cometí errores los cuales ahora los estoy pagando. Las cicatrices de mi rostro, la mirada maldita y el sentimiento de odio permanente, son el castigo por ser un chico malo. Tal vez sea así por mi padre, pero la verdad esa son estupideces. Uno es lo que realmente quiere ser y si no consigue serlo, busca ocultar sus errores y faltas en excusas o echando culpas a quienes realmente odian.


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