Sentí su calor de hembra quemándome la piel. Sentí su mirada penetrante cosquillándome la razón. Sentí su ser confundiendo mis sentidos. Sentí sus manos, que arrancaban el miedo, a medida que avanzaban hacia lo desconocido. Sentí caer en sus brazos y llegar al cielo, cruzar las estrellas y ver a Dios sonriendo. Sentí tenerla al enlazar nuestros labios y derramar libido. Sentí perderla al no recordar su rostro. No sentí cuándo, cómo, ni por qué pasó, pero ahora entiendo que te amo.
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